EDITORIAL
LA MIGRACIÓN JUVENIL DE LA RURALIDAD A LA CIUDAD: ENTRE LA BÚSQUEDA DE OPORTUNIDADES Y LA REPRODUCCIÓN DE NUEVAS DESIGUALDADES SOCIO-URBANAS
Por: Anyelo David Sanabria Rozo
Trabajador Social en formación
Históricamente, la ciudad se ha constituido como una promesa para los jóvenes rurales. Una promesa que suele repetirse: estudiar, trabajar, “salir adelante”. En el contexto colombiano, esta idea se materializa con fuerza en ciudades como Bogotá, que no solo es el principal centro urbano del país, sino también su capital política, económica y educativa. Allí se concentran universidades, instituciones técnicas, oportunidades laborales y dinámicas comerciales que convierten a la ciudad en un punto de llegada constante para jóvenes provenientes de territorios rurales y rurales dispersos.
Bogotá aparece, entonces, como un lugar donde algo puede pasar. Donde parece posible estudiar lo que no se ofrece en el territorio de origen, acceder a un empleo, independizarse, empezar de nuevo. Pero esta narrativa de oportunidades convive con otra menos visible: la de quienes llegan sin redes de apoyo, sin recursos suficientes y sin un conocimiento previo de las dinámicas urbanas, y terminan enfrentándose a formas distintas (aunque no menos profundas) de exclusión.
En la ruralidad colombiana, las condiciones estructurales que atraviesan la vida de los jóvenes siguen siendo desiguales frente a las de la ciudad. Según la OCDE (2022), la población rural tiene, en promedio, tres años menos de escolaridad que la población urbana, y apenas el 5,1 % de las personas mayores de 17 años ha logrado acceder a la educación superior. Incluso entre personas adultas, entre los 25 y los 65 años, la brecha educativa frente a lo urbano supera los cuatro años de escolaridad.
En este escenario, la educación, que suele pensarse como el principal camino hacia la movilidad social, termina funcionando, paradójicamente, como un factor de expulsión territorial. Para muchos jóvenes rurales, quedarse implica aceptar trayectorias educativas incompletas, opciones formativas limitadas o, simplemente, la ausencia de alternativas. No es difícil entender por qué, en esas condiciones, migrar deja de ser una elección y empieza a sentirse como una necesidad.
Las desigualdades no se limitan al ámbito educativo. El acceso a servicios básicos sigue marcando diferencias profundas entre lo rural y lo urbano. En 2021, mientras solo el 0,1 % de los hogares urbanos no contaba con electricidad, en las zonas rurales esta cifra alcanzaba el 10,9 %. Algo similar ocurre con el acceso al agua potable por red: 2,5 % en las ciudades frente a 47,5 % en los hogares rurales. Detrás de estas cifras hay realidades concretas: tiempo que se pierde, salud que se deteriora, condiciones que dificultan estudiar, trabajar o simplemente permanecer.
Estudios comparativos recientes refuerzan esta lectura. Investigaciones como la publicada en Frontiers (2024) señalan que la migración juvenil rural está asociada principalmente a la falta de empleo local, la escasez de oportunidades educativas y la precariedad económica. A esto se suma el impacto persistente del conflicto armado interno, que ha afectado de manera diferenciada a los territorios rurales y, en particular, a jóvenes entre los 18 y los 28 años (Mina y Téllez, 2022). En muchos casos, la migración no es solo una búsqueda de oportunidades, sino una forma de huir de contextos marcados por la violencia y la incertidumbre.
Así, la ciudad se consolida como una promesa de movilidad social, como el lugar donde “sí se puede”. Para muchos jóvenes rurales, migrar es un intento por reconstruir su proyecto de vida en un entorno que, al menos en el imaginario, ofrece más posibilidades. Sin embargo, esta promesa no siempre se cumple. La llegada a la ciudad suele implicar empleos precarios, inserción en la informalidad, dificultades para acceder a vivienda digna y una competencia constante por recursos limitados.
Este proceso no transforma únicamente las trayectorias individuales. También transforma los territorios. En lo rural, la salida sostenida de jóvenes debilita el relevo generacional, vacía progresivamente el capital humano joven y fragmenta redes comunitarias. En lo urbano, el aumento de población joven migrante presiona el mercado laboral, el transporte, los servicios sociales y la vivienda, ampliando escenarios de informalidad y precarización.
De acuerdo con el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, el 96,9 % de los estudiantes rurales asiste a instituciones educativas oficiales, lo que evidencia una alta dependencia del Estado para garantizar el derecho a la educación en estos territorios. A esto se suma la limitada presencia de universidades e instituciones de educación superior en zonas rurales, lo que reduce la oferta frente a una demanda creciente y refuerza la migración juvenil hacia las ciudades como una de las pocas alternativas disponibles.
Desde esta mirada, la migración de jóvenes rurales hacia la ciudad no puede entenderse únicamente como un movimiento demográfico ni como una decisión individual aislada. Es un fenómeno profundamente social y territorial, atravesado por desigualdades históricas en el acceso a la educación, al empleo, a los servicios básicos y a condiciones de vida dignas.
Cuando migrar se convierte en la única posibilidad para construir un proyecto de vida, la decisión deja de ser realmente libre. La ciudad, en ese sentido, no solo atrae: también expone las fallas acumuladas del desarrollo rural, de la planeación territorial y de la garantía efectiva de derechos. Reconocer estas dinámicas implica mover la mirada del individuo hacia las estructuras que producen la migración y pensar en condiciones que permitan que quedarse también sea una opción. Solo así migrar podrá ser una elección, y no una imposición.
REFERENCIAS:
Díaz Baca, M. F., Moreno Lerma, L., Burkart, S., & Triana Ángel, N. (2024). Why do rural youth migrate? Evidence from Colombia and Guatemala. Frontiers in Sociology, 9, Article 1439256. https://doi.org/10.3389/fsoc.2024.1439256
Laboratorio de Economía de la Educación. (2023). Colegios rurales y el Estado: desigualdades educativas en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana. https://lee.javeriana.edu.co/w/noticia-colegios-rurales-y-el-estado-2023
Mina Hernández, Y. A., & Téllez Iregüi, G. (2022). Oportunidades laborales y la migración rural-urbana juvenil. Juventud rural araucana. Estudios Políticos, (65), 89-118.
Organisation for Economic Co-operation and Development. (2022). Rural policy review of Colombia 2022. OECD Publishing. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2022/11/rural-policy-review-of-colombia-2022_8312fa06/c26abeb4-en.pdf


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