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TEMA CENTRAL

La seguridad vial: una responsabilidad compartida​.​

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por: Héctor Fabio De Los Rios Montoya.  

Abogado constitucionalista, conciliador, especialista en movilidad y seguridad vial, auditor y representante gremial.  

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La seguridad vial no depende únicamente del comportamiento de los conductores o de la existencia de normas de tránsito; también está estrechamente relacionada con la manera en que se planifica, organiza y utiliza el espacio público. Desde la perspectiva del peatón, para establecer una movilidad segura se requiere que las calles, andenes, cruces, ciclorrutas (espacio que, aunque siendo de las bicicletas, también son transitables), zonas verdes y demás espacios destinados a la circulación sean accesibles, continuos, adecuados y estén libres de obstáculos que obliguen a las personas a exponerse innecesariamente al tránsito vehicular. El peatón constituye uno de los actores fundamentales de la movilidad urbana y, al mismo tiempo, uno de los más vulnerables frente a los vehículos motorizados. Esta vulnerabilidad aumenta cuando existe una ocupación inadecuada del espacio público, con la instalación de mercancías, vehículos estacionados, mobiliario, ventas informales, daños en los pisos de los andenes, materiales de construcción u otros elementos sobre los andenes puede reducir o bloquear las zonas destinadas al tránsito peatonal. Como consecuencia, las personas pueden verse obligadas a caminar por las calzadas o desplazarse por espacios que no cuentan con condiciones suficientes de seguridad, poneiendo en riesgo sus vidas y generando ser obstáculo en las vías. Esta situación afecta especialmente a niños, personas mayores y personas con discapacidad o movilidad reducida. Desde una perspectiva técnica, un espacio público seguro debe garantizar condiciones de continuidad, accesibilidad, visibilidad, iluminación, señalización y separación adecuada entre los diferentes modos de transporte. No basta con que exista físicamente un andén; este debe contar con dimensiones y condiciones que permitan una circulación cómoda y segura. De igual manera, los cruces peatonales deben estar correctamente señalizados y ubicados en puntos donde permitan al peatón atravesar la vía con el menor nivel de exposición posible al tráfico. Uno de los principales problemas surge cuando diferentes actividades urbanas compiten por el mismo espacio. El comercio, el estacionamiento, la movilidad en bicicleta, el transporte público y la circulación peatonal cumplen funciones importantes, pero su coexistencia requiere organización y regulación, y actualmente el uso de las motos/bicicletas eléctricas; pues el derecho al uso del espacio público no puede entenderse como una autorización para apropiarse permanentemente de zonas destinadas a la circulación. Por ello, las autoridades tienen la responsabilidad de planificar, regular, controlar y mantener estos espacios, procurando que su utilización responda al interés general y garantice condiciones de accesibilidad y seguridad. Los conductores también tienen una responsabilidad fundamental, especialmente frente a los peatones, pues deben respetar los límites de velocidad, las señales de tránsito, los pasos peatonales y las normas de prelación. Por su parte, los peatones deben utilizar adecuadamente las zonas destinadas para su circulación y respetar las normas de tránsito, los comerciantes y demás particulares que desarrollan actividades económicas en el espacio público deben hacerlo dentro de las condiciones y autorizaciones establecidas por las autoridades, evitando obstaculizar las zonas de circulación. En consecuencia, la seguridad vial debe comprenderse como una responsabilidad compartida. Mejorar la movilidad peatonal no significa simplemente exigir un determinado comportamiento al peatón, sino construir un entorno urbano que reduzca los riesgos y facilite conductas seguras, esto implica recuperar y mantener los andenes, controlar su ocupación indebida, mejorar los cruces, garantizar accesibilidad universal, fortalecer la señalización y desarrollar estrategias de educación y cultura vial. En definitiva, la forma en que una ciudad utiliza y organiza su espacio público refleja también sus prioridades en materia de movilidad y seguridad. Una ciudad que garantiza espacios peatonales continuos, accesibles y seguros no solo disminuye la exposición de las personas a siniestros viales, sino que favorece una movilidad más incluyente y una convivencia equilibrada entre peatones, conductores, comerciantes, ciclistas y demás usuarios del espacio urbano. Con la vital importancia del deber en todas las instituciones desde los colegios, a enseñar sobre la importancia de la seguridad vial, tanto como el actor que usa los vehículos, como cuando se está del otro lado y es peatón.

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